Alejandro Marcos: La soledad de un torero

Alejandro Marcos llega puntual a la cita. Con andares toreros, ataviado con la calzona y un capote de brega, perfectamente doblado, bajo su brazo diestro que coloca en el asiento trasero, mientras saluda e iniciamos la marcha hasta la finca Mozarvitos, situada a diez minutos de La Fuente de San Esteban y donde pastó la histórica ganadería del Marqués de Albayda, de tantos recuerdos en una época del toreo. Durante el trayecto hablamos de toros y de campo, de cómo transcurre la temporada, de las metas que se marcan en el camino en medio de una amena charla siempre bajo el paraguas de la Tauromaquia. No son fáciles las cosas en el toreo y menos para un espada nuevo que espera ansioso una oportunidad y sabe que, ahora mismo, la Feria de Santander es la meta de todos sus horizontes en la corrida que ha contratado para la víspera de Santiago. Será la ocasión que descuelgue del armario el chispeante de luces para vestirlo por primera vez esta temporada, “soy consciente de la importancia que tiene la tarde de Santander y solamente pido que embista la corrida, que además tiene un añadido especial y me hace especial ilusión que sea la del Puerto de San Lorenzo, por la enorme gratitud que guardo a esa familia ganadera, por estar siempre a mi lado y tenerme abiertas las puertas de su casa. Santander, ahora mismo, tiene un significado especial y más aún si triunfo con los toros del Puerto de San Lorenzo” –señala Alejandro Marcos-.

Santander y su feria de Santiago siempre son especiales para el torero charro, “ha sido una plaza muy agradecida y que valora los triunfos, junto a ese público tan apasionado y ser un marco ideal, tan bonito y con tanta torería”. Aún sigue muy presente en el recuerdo la feliz alternativa de Alejandro Marcos, recibida de manos de Manzanares y con Talavante de testigo, frente a toros de Matilla. Aquel día, saldado con triunfo y puerta grande para padrino y toricantano -sin olvidar a Talavante que malogró una artística faena con la espada-, le abrió las puertas de esa plaza y el corazón de los cántabros. En esa tarde de emociones, a muchos además hurgó el corazón con ese íntimo homenaje que hizo a Julio Robles, torero de culto en Santander, al vestir con un terno a aquel azul y oro, semejante con el que Robles rubricó varias faenas para el recuerdo en la etapa final de su trayectoria, además del afarolado con el que inició la faena de muleta a su primer toro y fue otro guiño al desaparecido maestro, “me impresiona conocer la carrera de Julio Robles, de quien cada día que pasa soy más admirador, he disfrutado con sus videos y aprendiendo de él, además él se hizo torero en el mismo escenario que yo y corrió de niño por las mismas calles que lo hice yo. Fue un torero completísimo y genial, por eso siempre tuve presente que una de mis tardes más especiales tenía que dedicársela y nada mejor que la alternativa”.

Inevitablemente sale a colación su situación, eso que ahora en la jerga taurina llaman el ‘banquillo’. O lo que es igual, cuando las empresas dan la sensación de haberse tachado el nombre de uno y es el tiempo de esperar una oportunidad, de entrenar en solitario, con el esfuerzo añadido de no saber cuándo se volverá a una plaza. O de observar cómo tu nombre no está colgado de los carteles, algo que tanto motiva, da fuerza interior y hace sentirte aún más torero, “es duro ver cómo pasan las ferias y no verte incluido en ellas; encima por si fuera poco cuando más se necesita torear vienen cosas a al revés, como la corrida que suspendieron en Ledesma. O incluso fíjate que en agosto, el día veinticuatro, toreo una corrida en Mimizán, que es mi debut como matador de toros en Francia y en ese mes, tan taurino, apenas tengo festejos hechos, pero resulta que para ese misma fecha me han llamado de otros dos sitios”.

           (Alejandro es una persona curiosa y queda fascinado cuando al llegar a Mozarvitos y después de saludar a Lorenzo, el mayoral, encuentra entre las encinas la silueta en bronce de ‘Mancheguito’, el toro de esa ganadería -del que tantas veces escuchó hablar- que se alzó triunfador en la corrida concurso celebrada en Salamanca el día de San Mateo de 1930 y en gratitud a tal honor, don Antonio Pérez de Herrasti, el viejo marqués de Albayda, que era un hombre con rumbo, mandó reproducirlo a tamaño natural, causando desde entonces admiración. Lo mismo ocurre al escuchar diferentes aspectos de la historia de esa casa ganadera, con infinidad de recuerdos y leyendas del toreo que contribuyeron a su grandeza, ejemplo de Manolo Granero –del que en la casa de Mozarvitos se conservan numerosos recuerdos, Chicuelo, Juan Luis de la Rosa, los hermanos Amorós, Marcial Lalanda, Domingo Ortega, Antonio Márquez, los Bienvenida, Luis Miguel Dominguin, Victoriano Posada, Jumillano, El Viti, El Niño de la Capea, Julio Robles, Víctor Manuel Martín…).

         

No pasa inadvertida la soledad que puede llegar a vivir un torero, “lo importante es estar preparado para cuando llegue le oportunidad, sin dejar de entrenar ni un solo día, motivándote, enriqueciéndote como toreo para llegar y volver a sorprender. Por eso, mi auténtica meta ahora es Santander, plaza a la que llego muy preparado, con mucho campo hecho, habiendo entrenado como nunca y deseoso de cambiar la cara de mi moneda. La soledad es difícil, pero te enseña, porque cuando todo viene rodado a favor da lugar a conocer a mucha gente y en esta situación sabes de verdad quién está. Pero insisto lo importante es estar preparado, mira ahí tenemos el caso reciente de Pablo Aguado, ¡un torerazo!, quien es muy amigo mío desde que éramos novilleros y recuerdo entrenar a su lado el pasado año en Sevilla sin que ninguno tuviéramos un solo contrato a la vista y es que cuando llega el momento hay que estar preparado”.

Un nombre que no deja de revolotear en sus horizontes en el de Madrid, en cuya plaza de Las Ventas fue habitual en su etapa de novillero y ahora espera volver a hacer el paseíllo, “Madrid quita el sueño cuando te ves anunciado en ella, pero estoy deseando confirmar la alternativa, tuve esperanza de que hubiera podido ser este año, pero al final no ha podido ser y será la próxima temporada, en 2020, el momento de confirmar y reencontrarme con esa plaza, con la Cátedra del Toreo y donde tanto momentos dulces he disfrutado”.

Y Salamanca, su Salamanca, también es otra aspiración, “en La Glorieta viví uno de los momentos más bonitos de mi carrera, que fue cuando corté un rabo de novillero sin caballos; después, ya con picadores, salí en hombros varias veces más y con la felicidad de lograr el éxito ante mis paisanos. Es doloroso cuando te vez fuera de tu plaza, pero sé que allí me quedan muchos triunfos por conseguir. No hay nada más bonito que lograr el éxito ante la gente que quieres y con la que compartes tu vida”.

Alejandro Marcos formó parte de una floreciente hornada de novilleros, alguno de los cuales hoy es referente en el toreo, “es un orgullo haber estado con gente como Roca Rey, José Garrido, Joaquín Galdós, el propio Pablo Aguado, Ángel Sánchez…, con todos me llevo bien y mantengo estupenda relación, alegrándome de sus triunfos. Espero pronto volver a estar acartelado con todos ellos, porque es una generación muy bonita, de máximo interés y que ya está aportado mucho al toreo”.

       (En la conversación que mantenemos con Alejandro Marcos, que siempre ha cautivado por su concepto y magnífica interpretación, hablamos de toreros de otras épocas que tardaron en alcanzar el estatus de figuras, ejemplo de Ortega Cano, de Roberto Domínguez, de Curro Vázquez… o incluso del admirado Julio Robles, quien si bien siempre toreó un digno número de corridas no fue hasta San Isidro de 1978 al cuajar a un toro de Lázaro Soria cuando ya fue plenamente figura).

A medida que transcurre el tiempo, Alejandro Marcos, vive con más pasión el mundo del toro y trata de conocer su ayer, “me encanta la historia del toreo y tratar de aprender de quien nos precedió, leo publicaciones que reflejan cómo era la época en épocas pasadas y disfruto mucho viendo videos de grandes faenas. No me cansó de ver la que Paco Camino realizó al toro ‘Navideño’, de Santa María en la plaza de Querétaro, está considerada una de las mejores faenas de todos los tiempos y es una auténtica maravilla. También he descubierto hace poco la magnitud de un torero colosal, del mexicano Manolo Martínez”.

Y con la suerte echada, ya deshojando hojas del calendario, en una semana el torero Alejandro Marcos vivirá su tarde más importante de la temporada; mientras tanto se prepara para llegar a Santander con los deberes hechos para volver a sorprender con el talento de su torería.

 

Acerca de Paco Cañamero

En tres décadas juntando letras llevo recorrido mucho camino, pero barrunto que lo mejor está por venir. En El Adelanto me enseñaron el oficio; en Tribuna de Salamanca lo puse en práctica y me dejaron opinar y hasta mandar, pero esto último no me gustaba. En ese tiempo aprendí todo lo bueno que sé de esta profesión y todo lo malo. He entrevistado a cientos y cientos de personajes de la más variopinta condición. En ABC escribí obituarios y me asomé a la ventana de El País, además de escribir en otros medios -en Aplausos casi dos décadas- y disertar en conferencias por toda España y Francia. Pendiente siempre de la actualidad, me gustan los toros y el fútbol, enamorado del ferrocarril para un viaje sugerente y sugestivo, y una buena tertulia si puede ser regada con un tinto de Toro. Soy enemigo del ego y de los trepas. Llevo escrito veintisiete libros -dos aún sin publicar- y también he plantado árboles. De momento disfruto lo que puedo y me busco la vida en una profesión inmersa en época de cambios y azotada por los intereses y las nuevas tecnologías. Aunque esa es otra historia.

16 comentarios en “Alejandro Marcos: La soledad de un torero

  1. Suerte y al toro, Alejandro.
    Que buen artículo, Paco… como todos los tuyos… desde el alma.
    Siempre me emociono cuando me recuerdas a mi compadre, Julio Robles.
    El mejor abrazo. Jaime RV

  2. Fenomenal Paco… me pidió mi padre que se la leyera (él no puede) y nos ha encantado. Deseando que Alejandro triunfe en Santander.

  3. Entiendo a Alejandro Marcos. Es un hombre solo, tremendamente solo, persiguiendo un sueño imposible. Pero mientras se lucha, no se fracasa. Conocí a El Cordobés cuando pasó varios meses en Aldehuela buscando una oportunidad. Era un tipo amable. Y luego fue generoso con Juan el del Bar, que le dio cama y comida. Conocí a Miguelín, y a Jaime Ostos. A S. M. El VITI, a Camino… mi propio hermano intentó ser novillero.
    Y cómo no, a don Antonio Pérez de Herrasti, marqués de Albayda. Una grandísima persona. Yo era monaguillo de don Celestino, en Aldehuela y saludaba a su señora esposa, doña Matilde tras abrirle la puerta del coche. Fueron los mayores benefactores de la parroquia. Y también conocí a sus mayoral principal, don Heraclio, el padre de Jose, el picador. Los domingos acompañaba a don Celestino a decir misa en El Villsr de los Álamos. Era la finca de don Antonio Pérez Tabernero.

    Entiendo, decía muy bien a Alejandro Marcos porque un periodista, frente al papel (digital) es un hombre tremendamente solo. Nuestro oficio está en extinción. Ya es un milagro sobrevivir. Ya no vales ni el último reportaje que has escrito porque, a lo peor, nadie te dará la oportunidad de publicarlo. Nos queda BAHÍA DE ITACA o GLORIETA DIGITAL para recordarnos que súbete estamos vivos.

    He vivido en plenitud este oficio de contar historias. Por suerte, no nos podrán arrancar nunca la pasión.

    Paco, creo que has trasladado bien a los lectores de tu Glorieta, la pasión que ese muchacho va acumulando en la preparación. Cuando llegue a su Itaca de Cantabria, se habrá enriquecido en el camino. Soñar lo imposible, con fe, es posible. Suerte. Y un abrazo.

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